martes, 15 de mayo de 2012

Confesión sin argumento

Responder con una negación. Este es el claro ejemplo de lo que he decidido sobre mis afirmaciones.

Me he concentrado, en el largo azar sujeto a lo experimentado, a estructurar las afirmaciones dentro de lo que expreso como una negación con argumento, ya sea de forma o sea revelación de lo que puedo representar al no hacerlo, de manera concreta, ya que me permite dominar, por lo menos, una básica interpretación que se desencadenará en aquel a quién me dirijo, quien es la persona que primero lo hizo conmigo y para efectos prácticos, la misma a quien no me dirijo.

En relación con lo expuesto, ya desprovisto de una de mis virtudes más estructuradas, limadas por las expensas de lo ya ocurrido, por la misma deifinición de lo ocurrido, desobedecer a la orden de las arremetidas del lenguaje, seduciendo sus límites en parafraseos, me aleja de establecer una conexión literal, así sea de manera oral, para esclarecer mi posición, que en la mayoría de veces, no es una posición realmente. Su volatilidad es intríseca a su fundamentación, tanto conceptual como de ejecución, pero que debe parecer, por lo menos como sustento a la invisibilidad, alguna reacción concreta que desprenda un suceso anexo dentro del entendimiento de quien pregunta.

Tratar de encontrar una figura que enmarque tal comportamiento puede resultar una empresa desgastadora y que seguramente no le incumba a más personas que al respondedor, que en este caso sería aquel que niego su respuesta, su afirmación, un rufián melancólico que se apega a pocas expresiones para explanar las fundamentaciones en su escondite, sin haber salido.

El argumento es innecesario, efímero. La intuición parece ser el factor dominante de las instrucciones propias de lo expuesto. Me sabré responder de sus pensamientos, sus significados que me limitan a expresiones un poco tímidas de algo, que de forma profunda, ninguno de los dos sabemos. Él, o ella, a la expectativa de lo dicho, y yo, a la expectativa de lo todavía no dicho. Ambos seremos en un combate en el que la comunicación cae rendida entre el oleaje espumoso de lo que sale de mi boca y entra en su despojo, para declarar la dominación, impulsada, en apariencias, por su propia motivación, por su propio argumento, lejos de la influencia de lo que, yo supongo, no le respondo, con una negación, que le explica los si, que tanto escondo.

En conclusión, debo ser responsable en mi salida del aposento, en la inseguridad de las opiniones, las preguntas y todo el resto, pues debo volver a la penumbra, pues mi vida se reduce a un amanecer y su posterior atardecer, en el que vivo perpetuo si me muevo a la velocidad del sol, en su carrera por los meridianos: he respondido con una afirmación, con el mismo argumento y la fascinación de que del entendimiento no me preocupo yo, pues me sabré leer en una negación, para saber que nos estamos entendiendo, en la misma afirmación.

Si me preguntan por esta confesión, han de saber, que les he de responder, con una negación.

Debo seguir,  me espera el sol.

domingo, 13 de mayo de 2012

Nochero

Larga es la bienvenida de un objeto reducido a la razón de un estímulo ajeno, de una figura reducida al uso y ejercicio de su dueño. El nochero en la noche es su dependencia, su aposento. El cajón de madera oscura se retuerce y grita con la llegada de la bruma. De todas formas no es nochero sin mesa y no sirve si nada lleva adentro. Me rehúso a preguntarle lo que ahora hacemos, pues si he de preguntarle, tiene como respuesta alguno de los libros que esperan entre las tablas y el suelo. Me rehúso pues a preguntarle, se ha vuelto el custodio de mi sueño y en medio, antes de que algo pase, se apodera de mi sueño. No aguanto más el silencio de sus frases ni esta página del libro que se abre, para decirle al que la lee: “El miedo que me da del miedo, es que un día se transforme y ya no sea miedo sino la frase: ya me he ido, no queda nada más en medio. Página 14”.
Me rehúso a despertarme. He quitado del nochero el reloj despertador...

viernes, 11 de mayo de 2012

El cuarto oscuro

La oscuridad. En el cuarto oscuro todavía se puede ver. Todo hace parte de un proceso lento en el que la luz se cuela entre pequeños orificios invisibles, para revelarse ante la implacable ejecución de lo ya establecido.

La claridad. En el cuarto oscuro todavía se puede ver. Todo hace parte de un proceso lento en el que la oscuridad se cuela entre pequeños orificios visibles, para revelarse ante la implacable ejecución de lo no establecido.

La puerta se abre y tanto la oscuridad como la claridad se confunden entre sí. Al parecer,el rojo es el único mediador.

Alrededor me queda en fragmentos y contornos. Alrededor me queda como todo lo que me queda y tal vez todo lo que soy ¿Seré entonces mi alrededor, claro y oscuro?¿Rojo?

Goteo la oscuridad. De mi se resbala y cae en una tina sin fondo que la acoge y convierte en el mismo rojo, pero con un volumen líquido contenido en la forma misma de la tina. Parece una tinta. Parece el alrededor mismo en el estado que todavía no se ha formado y que las definiciones todavía no abrazan.

Otra gota más. Se me resbala otra gota de oscuridad. Y otra más.

¿Qué seré más cuando sea menos luz que oscuridad?

Si pudiera elegir, yo sería todo el alrededor y con él expandirme en los demás alrededores. Sería suficiente con conocer eso que está más allá. Imagino lo que llaman allá. Imagino que a eso es a lo que llaman soledad. Imagino que a eso es a lo que llaman, cuando alguien llama, cuando hay a quién llamar. Imagino que a eso es a lo que llaman tocar y se puede hacer más allá de mirar.

Pasan las horas y en el cuarto oscuro soy oscuro, sin ninguna gota ya de oscuridad.

Se abre la puerta del fondo y el viento me acaricia como si viniera directo hacia mí, invisible poder de su fuerza que retira los últimos fragmentos de lo que ya no veo.

Ella llega cautelosa, entra sin nunca salir, solo se activa en un juego que danza con el ambiente mismo. Es fugaz, todo es un momento para pasar. Me delinea suavemente, cada detalle, cada preciso borde, cada forma íntima de los profundos secretos. El valor de las curvas toman otro sentido, hablándome en ese idioma que se crea y se finaliza justo cuando se pronuncia y luego se olvida. Me hace ser algo que nunca he sido, con su toque mágico que me cubre como una manta imposible, interminable. Se aferra a mí como si fuéramos la misma parte. Cuando llega no lo sé. Cuando se va me deja perder. Me acaricia, me seduce. Permite expandirme entre momentos dentro de un espectro que se conjuga con los rebotes, con las ondas. Ella es la que me aborda y yo soy su prisionero. Lo que no sabe es que de ella no me desprendo y esas gotas son mi secreto. La guardo entre mis agujeros, entre mi oscuridad y mi claridad, para ser, al final del encuentro, algo que si bien sigue en pie, ha terminado y nunca volverá.

Sabré de lo único o último que me queda, lejos ya de la oscuridad: Ya se ha ido la mancha que desconozco. Han apagado el bombillo rojo. La puerta abierta y el viento es la antesala. Gracias a la oscuridad, aquí estoy, inmaculado y perpetuo gracias a la acción de la luz, gracias a la acción de la oscuridad, gravado en su sensibilidad, como la claridad, como la oscuridad.  

Quisiera una fotografía de este momento. Quisiera una fotografía en este momento. En ella lo podría plasmar. Ella me podría plasmar y cambiaría entonces la claridad y la oscuridad.

¡He decidido revelarme!

miércoles, 9 de mayo de 2012

La noche de las siete noches

Atardecer
Antes de llegar la noche, sin que se haya ido todavía, está presente el final de día, aunque después se siga en la letanía de un prólogo perfecto y devorador de una luz sin sombra, de una sombra sin luz, de un epitafio para ningún muerto, de un epitafio para un nacimiento. No hay tristeza, no hay alegría, es la fantástica apariencia de lo indefinido, del recuerdo sin límites de lo nunca vivido. La habitación de la luna, abierta luego de la apacible penumbra de sol de tantas estrellas, ese mismo que se va acariciando el oriente y deja su huella marcada en siluetas indescriptibles, como si de ellas naciera el universo entero. Inmortal en cada muerte, inmortal en cada día. Es el lugar en el que el cielo se lo devora la luz, la noche suculenta afianza su dominación, seduciendo al día, haciéndole el amor. Se comen lentamente, en un delirio ferviente que estalla cuando se resguardan en el escondite de las almas, profundo y secreto...Azul.

La noche
Siete atardeceres en uno solo, siete colores en el octavo del mar perdido. Así se resumía la escena de un lugar que no recuerda haberse producido, ni haberse engendrado. Las palabras que así lo dicen son testigos de lo impronuciable, el saber de la suerte es ejemplo y bóveda segura para las nubes cristalinas que se guardan en esa parte de los ojos antes de salir.

En una noche, que son siete, se conocieron en Paris, para a hacer eso que se hace para olvidar, y siempre recordar. De hecho se dice que no recuerdan nada de las siete noches, que solo ha sido una, porque no ha pasado el tiempo entre sus encuentros, solo besos y caricias.

Duermes conmigo, se dijeron al oído, entre un globo color plata que ya había dejado la tierra plana de las esferas que atravesaban. Una vez despegado, ambos se embarcaron en la expedición de sus colores, de sus cuerpos entrelazados con la eternidad de las dimensiones.

Las olas aplauden su partida, cada momento cuando llegan a la playa esperando tocar los pies de ella, cuando vayan a ver el amanecer.

El sol sale todavía cada día, para hacerle saber a su piel, a la de ella.

Tigres y elefantes, todos a la misma vez.

Devorados ambos amantes, ambos con la fuerza del huracán que se arremolina de costa a costa, de labio a labio, de lengua a lengua.

La furia de lo incontenible es la propulsión de lo que ambos todavía no llaman con ningún nombre, pero que tampoco separan ese, entre los dos, aire.

Vámonos de viaje, un viaje que parta de nuevo en cada viaje, se dijeron. En donde todas las noches sean siete y siete sea el número de una sola noche, en donde cabe todo el universo y las horas son parte anexo del olvido, parte anexa de un escondido. Las probabilidades son humilladas entre sus ojos perdidos, esa brújula indirecta que apunta sin señalar, el lugar correcto para errar. Desenfrenados en un vuelo sin pendiente, hacen del camino el mismo destino.

Ya va la primera noche de su viaje y ya van siete en cada traje.

Cuando salga el sol sabrán de la noche de las siete noches, que aparece solo una vez, entre tanto viraje, cuando se mezclan dos ingredientes, el azul y el zanahoria. La noche de las siete noches, el lugar secreto para los amantes, que se devoran hasta quedar flotando en el aire.



La noche se devora las noches después de ella. sean siete o sean tres.

Amanecer
Nos vimos por última vez, antes de empezar a comermos lentamente la piel.

Ella, sin saberlo y yo, descendía de un largo hilo azul que pendía de una nube entretejida, entretenida de almidón dulce de pétalos color amarillo, de frutas sembradas en un marco de lino, una tetera abierta que hacía música del agua y cuatro canciones, todas dirigidas por el fuego de dos almas.

sábado, 28 de abril de 2012

Mecánica de la tijera

Una tijera es un objeto, inicialmente, que se compone de tres partes, en su forma más simple.

Cada una de sus partes, propone, por sí sola, en el imaginario de un desprevenido, una agraciada coreografía funcional que depende tanto de la separación como unión de sus dos partes móviles, que lo son gracias a un eje entre ellas que, además, transforma el movimiento impreso en acciones conjuntas que se desenlazan en una causa mancomunada con el objetivo de quien las use, que generalmente es la misma persona que le imprime el movimiento.

Su funcionamiento ejecuta la geometría de su forma y hace que sus dos cuerpos gemelos se muevan en sincronía, en una danza simple pero de gran eficacia. Cada uno de estos cuerpos tiene tres partes básicas: mango, anclaje para el eje y hoja afilada. El eje que los une, aunque es lo que permite el movimiento, mientras este se realiza, no se mueve, en lo relativo al movimiento propio del funcionamiento.

Por lo general una tijera no se hace, sino que vienen ya hechas, por este motivo no me detengo más produndamente en mencionar todos los otros muchos atributos relacionados con ella referentes a su construcción, además porque los desconozco en su mayoría, por el hecho de que las tijeras que conozco, ya han venido hechas desde antes. No obstante, el proceso de ensamble parece complejo si se toma desde la sola descripción fría y claculadaora a la que uno llega en lo referido a la construcción de la misma. Por el contrario, si se aborda el tema desde una visión funcional, las partes no necesitan entenderse más allá de lo siguiente: la tijera está hecha para cortar.

La conclusión la he determinado basado en la justa observación de la manipulación de dicho objeto. En relación, la tijera está hecha para ser usada una vez cada vez, por una sola persona, abriendo o separando, desde el mango, las hojas afiladas, para perfilar lo que se desea cortar en medio, ubicando este elemento externo en el lugar indicado por una proyección imaginaria, preferiblemente en el plano determinado por el eje, como primer punto, y una línea imaginaria trazada entre los puntos que se generan al determinar líneas continuas desde una hoja a la otra, y en medio, en el punto equidistante, trazar una línea paralela, para tomar de ella los otros puntos complementarios. Una vez ubicado allí el elemento a cortar, el procedimiento implica unir ambos cuerpos, esto a través de la unión de los mangos, para así, lograr establecer puntos de contacto con el elemento, primeramente en el lugar más cercano al eje, en donde las hojas tienen contacto entre ellas y dicho objeto. En ciertas ocasiones, claro, se debe repetir la apertura y cierre de los mangos, y consecuentemente de las hojas, según la precisión requerida en el corte o la magnitud del objeto. De lo contrario, con una sola cerrada basta para aprovechar toda la capacidad de la tijera.

El proceso del objeto se resume en su primitiva manera de funcionar: un lado para acá, y el otro para allá, lo que hace que las hojas se dispongan en coordenadas contrarias, una en dirección de la otra y el eje detenido, sostenido, quieto, contemplativo. Al final, cuando los mangos, al igual que las hojas, se unan, puede cortar y así separar algo que tal vez no pueda unirse nuevamente de la misma manera como lo estuvo antes de ser separado por la mecánica de la tijera.

lunes, 23 de abril de 2012

Atrás, hacia adelante

He decidido pronosticar mi retrospectiva
sentado, atento, con el iris de testigo
y un yo presente en mis momentos
y un yo viviendo en ese camino que se hace es yendo
en la ruta al silencio
disfrutado de las largas esperas
así mismo como de todos los eternos
con sus imposibles finales
para nacer, vivo, como si estuviera muerto
La diferencia es que en retrospectiva
tengo la certeza del porvenir
y en él espero descubrir que el atrás sigue corriendo
no importa el lado
si hacia delante, o no
esperando por mí
quieto
ileso
perfumado
suculento
su disposición es la fresca tentación
de hace tanto tiempo
la franca disposición
de olvidados momentos
En retrospectiva no me detendré
bajaré en la noche por las escaleras
para salir de donde vengo
y llegar sin devolverme
justo en el mismo lugar
sin eclipse ni creciente
Aquí estaré
desnudo al amuleto de mi predisposición
de un antes perpetuo que alimenta el regreso...
¿la ruta por la que vine es por la que ahora me devuelvo?
Lento, más lento
acariciando la suave sensación de lo que se resume
el terciopelo
los trofeos, los inolvidables
lo primordial y los primeros momentos
con sus primeras veces
con las mejores veces
las encarnaciones en dioses
las elongaciones sin límites
con infinitas sensaciones
Lento, más lento, cada vez más lento
sentado a la orilla de los recuerdos vívidos y vividos
¿Si decido caminar me quedaré quieto?
detenido
en ascuas, sin flujo, sin río
pensado en otro pensamiento
librado en otro sometimiento
presa de las percepciones
de los argumentos
de los significados míos en otro cuerpo
En retrospectiva lo que se va no se va
nada se va,
solo se llega, sin llegar
hasta la misma pregunta que parte al final,
Y si ahora decido mirar en retrospectiva
¿Cuál será mi final?
Entonces decido un estandarte en el aleatorio
y seré perpetuo
lo demás es estorbo.
La diferencia es que en retrospectiva
tengo la certeza del porvenir
y en él espero descubrir que el atrás sigue corriendo
hacia delante
esperando por mí
quieto...

miércoles, 11 de abril de 2012

Mi propiedad privada individual anónima



Querido señor TLC, o señor Lleras.


Discúlpeme si lo he ofendido con lo de querido, tenga presente que ofenderlo no es mi intención, ni más faltaba darle calificativos que usted no se merece, pero a veces los formalismos nos alejan de revelaciones mucho más sinceras. Se lo digo aunque usted nunca se halla, referido a mí, y créame, tengo mucho mérito para tal cosa, pues espero haber votado a satisfacción de mis convicciones, dentro del marco de mis derechos, oblicuos, perpendiculares y deberes, que son más curvilíneos, cuando menos, para saber reciclar y no para botar sin analizar el desperdicio. Es decir, me dirijo a usted como un igual, aunque entiendo que trabaja para mí. No sé si usted puede tener esto claro, pues creo que al yo permitirle un sueldo mayor al mío, usted desconozca mi virtud de empleador, así como yo voy a desconocer mi posición de desempleado. Pero estos son otros temas.

De primera mano le comunico que me he tomado el atrevimiento de escribirle, pues una profunda preocupación invade mis alegrías: temo por mi identidad, pues con tantos rumores y gente que habla por mí, creí que era necesario aclararle quién soy yo, para que usted, si se ve en la obligación de saberlo, sepa, al igual que yo, qué es lo que no soy y en dónde estoy para no estar en ningún otro lugar.

De segunda mano, y espero que no se ofenda querido señor Lleras, le voy a decir que somos hasta parecidos.

Se puede estar preguntando qué podemos tener de parecido usted y yo, a lo que le respondería: nunca hemos interactuado con lo que la gente -y no digo toda la gente sino la gente que se interna de verdad- llama internet.

Pero me siento afortunado de nuestras similitudes, pues alejarme de la tecnología de la información me libera de la carga de ser un potencial criminal, en un tema que no puedo demostrar lo contrario, y que por tal motivo debo usar el lápiz y el papel, aunque tengo entendido que usted no es muy amante de las cartas.

Créame, yo también quiero salvar este mundo, así no conozca mucho de él, ni lo que en él pasa, así como usted y por esto espero poder reciclar el papel de los libros que me quedan.

Para puntualizar mejor en lo que le quiero decir, y le confieso que no me molesta que esta carta la lean todos los perros antes de llegar a usted, los antiexplosivos digo. En todo caso, quiero entonces decirle y dejarle claro que yo soy yo, esa es mi única identidad. Pero ¿quién es usted? Y ¿Por qué lo que usted hace no es sólo suyo?

Se lo pregunto pues por los temores profesados anteriormente me he visto obligado a abstenerme de buscarlo por internet, entre otras razones porque no tengo computador, ni sé cómo utilizarlo.

Le cuento también que vivo en una calle, no una como la suya, pues la mía no se refiere a una dirección precisamente pero acá puedo vivir de lo poco que no necesitan algunas personas, así no me lo quieran dar. ¿Si ve que nos parecemos?

Pues hoy he sido valiente, me he levantado con la frente en alto, ingresado a una café internet - se lo dije, esto del internet nos invade- y me dicen que esta carta le puede llegar directamente a usted, sin ningún problema, así yo no sea, ni haya sido, ninguno de los santos, ni ángeles para que no me malinterprete, que llevan y traen mensajes, sin importar el tiempo o la semana y que así yo podía dejar de ser un espectador, así siguiera siendo un colombiano.

Por otro lado, pues como decía mi mamá, hay que aprovechar los 15 minutos de fama, así sean solo dos, quiero hacerle una consulta. Hace dos semanas vino por acá un gringo muy pispo, de unos casi dos metros de alto, moreno, y al verme en mi casa, pues pasó por la calle en la que vivo, y no a la carrera, sino muy contemplativo digamos, sacó su cámara y me tomó una grandiosa fotografía, you are such an artist, me dijo -Creo que estoy traduciendo mal, pero la última vez que vino un gringo, nos llevaron a un lugar para “enseñarnos inglés”, que porque no podíamos estar en la calle sin saber cómo hablarles. Aunque nos pusieron a aguantar hambre, debo agradecerle también por esto pues ahora puedo pedir dólares y pesos al mismo tiempo- que dijo que iba a publicar en su página de internet y en su perfil de un tal facebook. Pues le digo que si quiere conocerme, puede ver ese perfil, o verlo de frente, con zoom y hágame saber qué tal le parece, pues la exposición que está montando se trata sobre los colombianos y tal vez sea una buena oportunidad para conocernos, a los colombianos digo. Por ahí derecho le pido que le cobre lo que me corresponde por la foto, pues como el gringo dijo, soy todo un artista.

Me despido como lo hizo alguna vez un querido amigo mío que solía llamarse Groucho Marx: Claro, alguien podría argumentar: “Y si no hay internet, ¿qué va a pasar con la próxima generación?”. Mire, algo he podido atisbar de la próxima generación y tal vez lo mejor sería que todo acabara ahora mismo.

Siempre suyo, porque ya no soy mío.

PD: Al finalizar de leer la carta, debe quemarla, pues esta solo me pertenece a mí, así sea dirigida a usted, yo soy su dueño, y si se ha atrevido a leerla, lo consideraré como un agravio inminente contra mi propiedad intelectual, en el que usted viola mi propiedad privada individual anónima, y deja expuestos mis pensamientos, coartando mi libertad de expresión a sus propias interpretaciones y por lo tanto, está violando una ley que lleva su nombre, y no quiero entrar en detalles desagradables ni morales en lo que sería esa auto-violación.